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Blog de la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa




Como cabía esperar, de las noticias de este verano relativas a Uber, Tesla y Amazon se desprende claramente que estamos entrando ya en una nueva revolución del software.


La Bibliotea di babele (out), by Emiliano, Flickr, https://www.flickr.com/photos/loungerie/1471835306/in/photostream/
La Bibliotea di babele (out), by Emiliano, Flickr, https://www.flickr.com/photos/loungerie/1471835306/in/photostream/
Primero fue la universalización de internet y el despliegue de las conexiones de banda ancha fija y móvil y de los dispositivos móviles y apps. Luego la revolución de los datos y la digitalización de la vida (se acabaron las enciclopedias, los CDs y DVDs, las fotografías analógicas) y la llegada de las redes sociales amparada por al bidireccionalidad de la información. Hace ya tiempo que todos producimos información y la publicamos para que otros la consuman, compartan, perfeccionen, glosen… Y todo ello pasa a engrosar esa biblioteca de babel que imaginó Borges -una biblioteca que parece infinita a la vista de un ser humano común-, y ese universo del que se hizo eco en su cuento: un universo que no es sino una biblioteca de todos los libros posibles, ordenados arbitrariamente, sin orden, y que uno casi diría que preexisten al hombre. Es curioso porque en su cuento Borges describía esa biblioteca como un número indefinido de galerías hexagonales  e idénticas, con grandes ventilaciones en el medio, cercadas por pequeñas barandas. ¿No es eso lo que nos viene a la mente al ver una fotografía de un data center? La cuestión es que todos los datos e información que generamos se transmiten de inmediato a una red interconectada e incorporan a tratamientos detallados que multiplican su comprensión supraindividual. Eric Schmidt, CEO de Google hasta 2011 dijo: “We know where you are. We know where you’ve been. We can more or less know what you’re thinking about”. No le faltaba razón. 

De esas revoluciones nace y se sigue alimentando una nueva -pero no última- revolución: la economía colaborativa. Gigantes como Uber, Blablacar, Airbnb pero también muchos otros recogieron el testigo y sumando Internet, Datos y Redes Sociales le dieron y están dando la vuelta al tejido empresarial tradicional y cambiando la forma de ofertar y consumir bienes. La biblioteca de Babel Borgiana sumada a la interconexión de todos los que la componemos y engrosamos hizo resentirse la tradicional dinámica unidireccional empresa-consumidor y empresa/trabajador. Eso es quizás lo que el científico Nikola Tesla pensaba hace más de un siglo cuando quería usar la ionosfera de la Tierra  para lanzar datos y energía gratis a todas partes y conectar todo el mundo (dicen que predijo Internet). Lo importante es que hoy en día todos podemos compartir o sacar rendimiento de recursos infrautilizados y con ellos convertirnos en "empresarios" y competir, por puro efecto multiplicador, con el tejido empresarial tradicional. Salvando excepciones y matices, en ese ámbito todos somos, en cierta medida, nuestros contratantes. Digo salvando excepciones y matices y "en cierta medida" porque sabidos son los problemas legales que han tenido las plataformas colaborativas, mayoritariamente (pero no solo) en Europa por el cuestionamiento de su estatus de meros intermediarios. Pero la cuestión es que el tejido industrial y de servicios se sacudía. Daimler Chrysler, que fue la tercera empresa automovilística más grande del mundo, después de Toyota y de General Motors creaba su filial Daimler AG para usar coches compartidos. Sí, un modelo que aparentemente compite con su propia esencia (la fabricación de coches para su venta) pero que en el fondo es pura adaptación a las revoluciones que vivimos (según Tesla Motors los vehículos solo están en la carretera entre un 5-10% del tiempo total, por lo que es cuestión de tiempo deshacerse de recursos infrautilizados). Ford, empresa que democratizó el vehículo en la clase media americana, no tardó en seguirlo y también lanzó el car-sharing. Algo similar ha hecho Enrique Sarasola en el ámbito hostelero ante la amenaza del alojamiento 2.0 (Airbnb, Homeaway…): crear Be Mate. En las finanzas más de lo mismo: la banca reacciona para evitar que nuevas startups los reemplacen en medios de pago o préstamos peer-to-peer y creen un sistema paralelo a la banca convencional. Todas las empresas empiezan a reordenarse en función de la realidad colaborativa e incluso las instituciones  formativas, que tan tarde llegan siempre, adaptan ya sus programas a la reciente realidad: la Universidad Complutense de Madrid acaba de lanzar  un postgrado sobre la materia (http://www.cseg-ucm.es/courses/master-propio-en-gestion-y-promocion-de-empresas-de-economia-social-y-solidaria/) que presenta literalmente como "una alternativa potente ante el derrumbe del modelo socioeconómico dominante". Es necesario reinventarse y aprender de los propios procesos que debido a Internet y las revoluciones comentadas, cada vez cambian más rápido. 

Pero a lo que íbamos: este verano sus días nos han dejado sabrosas noticias que anuncian algo que veníamos anticipando: llega ya una nueva revolución. En los tiempos de Tesla Motors hemos conocido que Uber ha firmado un acuerdo con Volvo para desarrollar vehículos autónomos (ya tenía una alianza desde 2014 con la Universidad Carnegie Mellon para potenciar esta tecnología) y que en septiembre lanza  un piloto por las calles de Pittsburgh, Pensilvania. Días antes Ford ha anunciado también que seguirá los  pasos de los vehículos autónomos, igual que también lo hacen, por supuesto Tesla, Google y Apple. Nada nuevo en realidad. Salvo que lo que se preveía va tomando cuerpo. Amazon, que en 2014 ya registró una patente para regular  el envío de pedidos antes de que el cliente los compre (de nuevo los datos) y que quiere generalizar el envío por drones acaba de finalizar su concurso de búsqueda de brazos robóticos para  coger productos de estanterías, procesarlos y ponerlos listos para los envíos de forma autónoma (Amazon Picking Challenge 2016). El concurso lo ha ganado, como no, un equipo de ingenieros. Así que, como llevamos diciendo algunos ya  mucho tiempo, la robótica, que ya venía haciendo avanzadillas en la realidad, prepara su desembarco masivo en nuestras calles y procesos. Y la robótica es software. Por eso digo que, tras la generalización de internet y la banda ancha en dispositivos móviles, el Big Data, las redes sociales y la economía colaborativa, llega la nueva revolución del software. Y lo hace de la mano de los protagonistas de las anteriores olas de innovación.  Lo que queda de este 2016 y en 2017 empezaremos a ver todo lo que ello puede dar de sí en nuestra biblioteca de Babel Borgiana. Y a intuir hacia qué siguiente ola o revolución nos encamina. Y de la mano de quién.

UBER, TESLA Y AMAZON: UNA NUEVA REVOLUCIÓN PARA LA BIBLIOTECA DE BABEL BORGIANA
Alexander Benalal es abogado del grupo de Derecho Comercial, Contencioso y de Tech&Comms de Bird & Bird. Tiene una amplia experiencia en todo tipo de contratos y transacciones comerciales (estando especializado en  TI  y los sectores en los que la tecnología y la regulación compleja juegan un papel importante), Media (redes sociales, plataformas online, móviles, videojuegos, explotación de contenido generado por los usuarios, privacidad…) y Propiedad Intelectual, además de todo tipo de situaciones contenciosas y pre-contenciosas.  Ha impartido clases sobre diversas materias jurídicas relacionadas con la tecnología, la propiedad intelectual, la protección de datos y el derecho internacional privado, tanto en universidades españolas como en escuelas de negocio y en la Cámara de Comercio.  Anteriormente había formado parte de los departamentos de Nuevas Tecnologías y Mercantil de Linklaters. Asimismo, trabajó en Bruselas en el despacho Berlioz Cabinet d' Avocats y como miembro del equipo del ex consejero del primer ministro de Bélgica. 
alexander.benalal@twobirds.com
 



Jueves, 1 de Septiembre 2016
Javier Fernández-Samaniego
Javier Fernández-Samaniego
Ardiel Martinez
Socio Director de Samaniego Law. Abogado y especialista en asesoramiento contractual y contencioso de proveedores y clientes de Tecnologías de la Información. Fue uno de los abogados pioneros en España en el asesoramiento en materia de protección de datos de carácter personal. Asesora a empresas nacionales y multinacionales en contratos de outsourcing, nuevos modelos de negocio vertebrados en tecnologías disruptivas y en la prevención y resolución de conflictos que involucran cuestiones tecnológicas complejas. Cuenta con estrechos vínculos en Estados Unidos y Latino América. Es árbitro de la sección especializada en TIC de la Corte de la Cámara de Comercio de Madrid y asociado del Club Español de Arbitraje. Es mediador acreditado por CEDR de Londres y forma parte del Panel de Distinguidos “Neutrales” de CPR en Nueva York. Abrió la oficina de Madrid de Bird & Bird en 2005 y anteriormente colaboró profesionalmente con los despachos Linklaters y Cuatrecasas. Comenzó su carrera como abogado en el ente público CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial). Miembro del Consejo Académico de FIDE. Senior Fellow del Steven J Green School of International and Public Affairs (FIU - Florida International University).