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Blog de la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa




Nuevos modelos de negocio irrumpen con fuerza en el sector legal. Ya hace un tiempo que el mercado está presenciando la llegada de LPO (Legal Process Outsourcers) y firmas alternativas (Axiom Law, RiverView Law, etc.) que ofrecen sus servicios de un modo diferente al tradicional, tratando de adaptarse mejor a las necesidades del cliente, con mayores índices de eficiencia, flexibilidad y, en muchos casos, a un mejor precio.


¿Han llegado los LIMers para quedarse en la abogacía de negocios española?
Junto a estos modelos de negocio el Legal Interim Management (LIM) o prestación de servicios jurídicos en el marco de proyectos temporales tan conocido en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Reino Unido) y en algunos países europeos como Bélgica o Países Bajos, empieza a ser una seria alternativa en España para responder a las necesidades puntuales que tienen despachos y asesorías jurídicas de empresa y -aquí está el cambio de tendencia- el LIM empieza a convertirse en un modelo de trabajo para muchos abogados que prefieren trabajar “por proyectos” en lugar de vincularse de forma indefinida con un despacho o una empresa.

El LIM consiste, pues, en la contratación de abogados (por parte de firmas/despachos de abogados, pero sobre todo de empresas) por periodos breves de tiempo, ya sea para cubrir una necesidad puntual de una compañía con motivo -por ejemplo- de una sustitución en el equipo legal, ya para abordar un proyecto jurídico concreto, generalmente -aunque no siempre- de carácter extraordinario o fuera del día a día del departamento legal de que se trate.

Como decíamos el LIM no es algo nuevo y ha pasado ya una década desde que, por ejemplo, el despacho británico Berwin Leighton Paisner LLP (BLP) creó su aplaudida división de LOD/ “Lawyers on Demand” y aunque el fenómeno tardó en llegar a nuestro despachos y asesorías jurídicas desde hace unos años venimos comprobando que la demanda de este tipo de abogados (LIMers) se ha incrementado y también se ha incrementado el número de abogados dispuestos a trabajar como LIMer.

Los factores son siempre de distinta índole, y afectan tanto a la empresa como al abogado: (i) para las compañías o grupos empresariales quizás el beneficio más evidente sea poder acometer proyectos jurídicos bien definidos, temporalmente acotados y que son consecuencia de una necesidad concreta y normalmente excepcional; y lo mejor: la eficiencia en costes al no tener que aumentar plantilla ni incurrir en costes sociales y el poder contar con un profesional (abogado) con un alto grado de especialización, que prestará sus servicios desde la propia compañía (integrándose en ella por un tiempo preestablecido), a la que aportará aire fresco, valor, criterio, conocimiento sectorial y una gran experiencia en operaciones similares. Es innegable que se trata de un marco de colaboración flexible y con un retorno seguro de la inversión. (ii) Para los abogados “LIMers”, el enriquecimiento de su curriculum en el caso de los más jóvenes o la satisfacción de la aportación de valor en el caso de los más senior es indudable,si bien el gran incentivo para este tipo de abogados viene por la flexibilidad y las grandes posibilidades de conciliación laboral que se convierte en uno de los atractivos principales (compatibilizar el trabajo con la docencia, la investigación o incluso con tener su propio despacho). Además, tienen la posibilidad de conocer diferentes compañías y ambientes de trabajo (y por tanto ganar experiencia in-house) para servir mejor a sus clientes: ello implica colaborar de manera estrecha con profesionales diversos y en diferentes áreas del derecho. Todo ello les proporciona unas habilidades profesionales que no siempre están al alcance de la mano de abogados que ejercen desde posiciones más “tradicionales”. Más ventajas: la posibilidad de elección de la jornada, la racionalización de horarios, la variedad de asuntos, no atarse profesionalmente. En fin, es caballo ganador.

Ahora bien, no todos los abogados valen para “LIMer” o abogado para un proyecto temporal y en nuestra experiencia es imprescindible que quien se plantee esta opción reúna unas cualidades muy concretas: (i) el abogado debe ser “operativo” rápidamente, de manera que resulta imprescindible aprender rápidamente las características de cada negocio. Tiene poco tiempo de integración en su nuevo entorno, por lo que se le exige facilidad de adaptación a la dinámica de una empresa o al ritmo de un equipo de trabajo: y es claro que no siempre resulta fácil adaptarse a proyectos ya en marcha y encajar de la noche a la mañana en una cultura empresarial determinada; (ii) la flexibilidad y, en ocasiones, la movilidad geográfica son dos características indispensables en el currículo de estos abogados; (iii) son imprescindibles un alto conocimiento técnico y experiencia profesional previa (muchas veces en un sector concreto) para poder proporcionar valor añadido y respuestas eficientes desde el principio; (iv) como en cualquier proyecto de otro sector de actividad, un abogado expresamente contratado para llevarlo a cabo ha de tener una clara orientación a resultados; (v) asimismo, es clave ser capaz de trabajar con autonomía, ya que en ocasiones el abogado no contará ni con personal de apoyo ni con supervisión de ningún tipo.

Si hablamos de retribución, el salario mensual de este tipo de abogados suele ser superior al de un abogado “tradicional” de similar categoría y experiencia:. El coste inherente a dicha contratación suele ser repercutido al proyecto que ha originado su contratación. Esta diferencia salarial (positiva) se justifica por el hecho de que el LIMer tiene que proporcionar resultados desde el mismo momento de su incorporación al proyecto; el periodo de adaptación debe reducirse al máximo precisamente por la temporalidad de su colaboración.

Si bien existen algunos obstáculos para el desarrollo de esta figura como el control de calidad del trabajo del LIMer, el régimen de responsabilidad y la nada desdeñable dificultad de localizar a esos LIMers cada vez están apareciendo en nuestro país firmas alternativas y plataformas que junto con algunas empresas de selección altamente especializadas están ayudando a la intersección de oferta y demanda y a la creación de un nuevo “mercado”.

Y es que, cada vez que desde una asesoría jurídica de empresa o un despacho de abogados se plantea la disyuntiva de llevar a cabo una contratación por una exigencia temporal concreta o o por la carencia de una especialidad concreta es el momento de pensar en la figura de un LIMer. También cuando busquen aire fresco, nuevas ideas y criterio jurídico muy orientado al negocio, cuando busquen eficiencia y flexibilidad. Y todo ello a un precio razonable, huyendo de los costes fijos cuya justificación es más que cuestionable en muchos casos. El mercado legal necesita y pide a gritos estas nuevas formas de prestar servicios jurídicos. La rueda gira muy rápidamente en estos tiempos, así que debemos aprender de nuestro entorno internacional y de mercados legales más evolucionados. El LIM ha venido para quedarse. ¡Pongámoselo fácil!

¿Han llegado los LIMers para quedarse en la abogacía de negocios española?
Marta del Coto. marta.delcoto@iterlegis.es
Marta del Coto es consultora de Iterlegis Legal Staffing Solutions, S.L. desde 2014 y responsable de la oficina de Barcelona de la firma. Licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona (1992 Abad Oliba, Fundación San Pablo C.E.U.), y es Postgraduada en Técnicas de Gestión Empresarial 
por la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales (Universidad de Barcelona). Diez años en el departamento de Derecho Mercantil de Landwell-PricewaterhouseCoopers en Barcelona y cinco en el equipo gestor de la red internacional de abogados de PwC (PwC’s Global Legal network) permiten tener a Marta del Coto una perspectiva privilegiada de la práctica legal. Ahora, consultora de Iterlegis Legal Staffing Solutions y responsable en Barcelona, toma el pulso cada día al mercado de la búsqueda de abogados.



Lunes, 30 de Enero 2017
Javier Fernández-Samaniego
Javier Fernández-Samaniego
Ardiel Martinez
Socio Director de Samaniego Law. Abogado y especialista en asesoramiento contractual y contencioso de proveedores y clientes de Tecnologías de la Información. Fue uno de los abogados pioneros en España en el asesoramiento en materia de protección de datos de carácter personal. Asesora a empresas nacionales y multinacionales en contratos de outsourcing, nuevos modelos de negocio vertebrados en tecnologías disruptivas y en la prevención y resolución de conflictos que involucran cuestiones tecnológicas complejas. Cuenta con estrechos vínculos en Estados Unidos y Latino América. Es árbitro de la sección especializada en TIC de la Corte de la Cámara de Comercio de Madrid y asociado del Club Español de Arbitraje. Es mediador acreditado por CEDR de Londres y forma parte del Panel de Distinguidos “Neutrales” de CPR en Nueva York. Abrió la oficina de Madrid de Bird & Bird en 2005 y anteriormente colaboró profesionalmente con los despachos Linklaters y Cuatrecasas. Comenzó su carrera como abogado en el ente público CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial). Miembro del Consejo Académico de FIDE. Senior Fellow del Steven J Green School of International and Public Affairs (FIU - Florida International University).